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La arquitectura del agua

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La arquitectura del agua

De la mezquita de Córdoba a una estación de exploración marciana, edificios, infraestructuras y espacios diseñados para usar el agua como recurso natural y hedonista

Publicado en EL PAÍS

La proximidad al agua ha sido un elemento central e imprescindible en las culturas y geografías con predominio de sol. Históricamente, el agua ha ordenado de muy distintas formas la posición de sus ciudades, así como la forma de sus trazados y edificios. Además, de cara al futuro, el planeta tiene en la captación de reservas de agua uno de los grandes retos en el desarrollo sostenible de sus grandes urbes, especialmente en el máximo aprovechamiento de la que cae del cielo. Estos paisajes urbanos del agua guían este recorrido que proponemos, que se detiene en edificaciones tan diversas como una mezquita árabe, una remota ciudad de adobe rodeada por un desierto infinito y colosales infraestructuras de hormigón diseñadas para el abastecimiento de una de las grandes megalópolis del mundo.

Arquitectura captadora

La ruta empieza por espacios tradicionales, ligados a culturas áridas y cuidadosas con los recursos, que con una tecnología preindustrial y ausencia de energía buscan el máximo aprovechamiento con un funcionamiento ligado a criterios de forma. La Mezquita de Córdoba es, en este sentido, un claro ejemplo de arquitectura porosa como infraestructura captadora. Desarrolla, de forma sofisticada, la estructura del impluvium romano, con una cubierta estriada, formada por líneas-acueducto, que conduce la lluvia hacia el depósito del patio central y, desde allí, a un suelo acanalado que reparte el agua entre sus famosos naranjos.

Agua para la megalópolis

La ruta continúa y se detiene ahora en las infraestructuras construidas por la ingeniería positivista del siglo XX. Obras públicas de grandes dimensiones y carácter sublime que asocian la gestión del agua a elevados consumos de energía, dimensiones colosales y localizaciones remotas.

Una casa para Marte

Por último, el recorrido se acerca a las nuevas construcciones actuales, ligadas a la integración de ecosistemas y a tecnología digital. Como la Mars Research Station (Estación de exploración de Marte), en Utah (Estados Unidos), un pequeñísimo edificio que contiene un modelo de enorme potencial para nuestras ciudades. Usada como base de experimentación para las aventuras aeroespaciales de la Nasa, incluye ecosistemas hiperactivos, agilizados mediante redes y bombas, diseñados para incrementar al máximo la autonomía de un recinto cerrado. El aire, el agua y el resto de residuos se transforman en nuevos productos útiles, como reservas de oxígeno, agua limpia y productos comestibles (vegetales). Este principio de cooperación entre distintas especies es el embrión de la sostenibilidad para las ciudades del futuro.

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